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Correo del Orinoco N° 91. Angostura, Sábado 30 de Diciembre de 1820.

Correo del Orinoco 1820 N° 91

COLOMBIA.

ANIVERSARIO DE LA FUNDACIÓN DE LA REPÚBLICA.

El 25 del corriente, consagrado á solemnizar el más grandioso acontecimiento de la Historia Americana, ha sido un dia de aplausos, de júbilo y de gloria. Venezuela recordará perpetuamente la época feliz en que la Amistad enlazó y confundió sus destinos con los de la ilustre Cundinamarca. Una mutua simpatía depurada en el crisol de la adversidad, un odio profundo á la tiranía, una misma causa, un interés común, fueron los sentimientos que inspiraron y decidieron esa unión fraternal, que incorporando á ambos Pueblos en una sola República, ofrece á las demás Naciones un espectáculo digno de su afecto y de su admiración. Plegue al Cielo que los miembros de esta inmensa y poderosa familia jamas permitan arder en sus pechos otras pasiones que el santo amor de la Libertad, y una viva emulación por los sacrificios heroicos: que sus virtudes sean las columnas del magnífico edificio que acaban de levantar, y que Colombia, sostenida sobre tan sólidas bases, pueda desafiar en duración al Tiempo mismo.

La memoria de este festivo dia nos conduce también á otras agradables consideraciones. Volemos un instante arrebatados en las alas de la imaginación á las inmortales llanuras de Boyacá: allí veremos al magnánimo Bolívar, guiando á la victoria las huestes Venezolanas y Granadinas, fijando irrevocablemente el destino de la Patria, y echando en fin los primeros cimientos de la Unión que celebramos. Su nombre, pues, y el de los demás guerreros que le acompañaron, sean siempre pronunciados con entusiasmo por nuestros labios, miéntras un soplo de vida los mueva, y que las más remotas generaciones se gloríen de repetir En Boyacá nació Colombia.

Contribuyó a aumentar el regocije la publicación verificada en los días anteriores del Armisticio y Regularización de la guerra, de suerte que por todas partes se presentaban motivos para las más cordiales congratulaciones. La Capital de Guayana, lugar privilegiado donde los Representantes de la Nación tubieron la dicha de sancionar y proclamar la Ley Fundamental, ha procurado distinguirse en su celebridad, de un modo sencillo, aunque no con aquel aparato de pompa y magnificencia que en mejores tiempos sabrá ostentar. Tres noches consecutivas de iluminación general, bailes, máscaras, diversiones de todas especies durante el dia, votos y aclamaciones á S.E. el LIBERTADOR PRESIDENTE, de la República, á nuestros hermanos de Cundinamarca salvas de artillería al declinar la tarde de la víspera y al despuntar la siguiente mañana, tales fueron algunas de sus demostraciones. S.E. el Vice-Presidente de Venezuela, a la hora acostumbrada, acompañado de todas las Autoridades Civiles y Militares, Oficialidad, y demás Corporaciones, se dirigió á la Santa Iglesia Catedral donde se celebró una solemne función, y hubo una gran concurrencia. Desde la casa de S.E. hasta la Iglesia cubrían la carrera las Tropas de la guarnición formadas en dos alas, que luego se cerraron para hacer en él Te Deum varias descargas de fusilería, á que correspondían las de artillería. Concluido el acto, y regresado S.E. en los mismos términos, recibió en su casa los sinceros parabienes del séquito que le habia acompañado, y de otros muchos Ciudadanos.

Pero no solo en esta Capital, sino en todos los demás Pueblos de la Provincia se han esmerado en festejar del mejor modo la memoria aniversario de este dia. En prueba de esto no citaremos más que á Barrancas, cuyo Comandante Teniente-coronel Florencio Luzón dispuso, sin contar con las demás diversiones, una representación dramática en que se figuraban los tres grandes Departamentos de Colombia por otras tantas jóvenes vestidas de Indias, y sosteniendo entre todas la Ley Fundamental.

ENTREVISTA DEL PRESIDENTE DE COLOMBIA CON EL GENERAL MORILLO.

Concluidos los Tratados de Armisticio general y de Regularización de la guerra entre los Comisarios de los Gobiernos de Colombia y de España, manifestó el General Morillo à sus Comisionados que deseaba ardientemente tener una entrevista con el Presidente. S.E. la aceptó gustoso, y el 27 del presente marcharon el General Morillo de su cuartel general de Carache, y el Presidente del suyo de Trugillo al pueblo de Santa-Ana, situado casi en el centro de ambos, seguidos solo de algunos Gefes y de sus Edecanes. El General Morillo destinó cuatro Gefes al encuentro de S.E., y él mismo con toda su comitiva salió hasta la entrada del pueblo a recibir al Presidente. Al acercarse echaron prontamente pie à tierra, y se precipitaron el uno àcia el otro, dándose estrechos abrazos. El General Latorre hizo lo mismo, y siguieron por el pueble donde el General Morillo tenía preparada una comida militar, sencilla y delicada.

No es posible dar una idéa exacta de las diferentes emociones, de la sensibilidad, de la franqueza, sinceridad y nobleza con que S.S. E.E. manifestaban de mil maneras la satisfacción de que gozaban en aquel momento, en que salvando de un solo paso los diez años de horror y de sangre, se veían por la primera vez, los que estaban àntes destinados à un mutuo exterminio, no solo como hombres, sino aun como amigos. Era recíproco el noble deseo de mostrar que un olvido eterno debía sepultar los males pasados, y que debían suceder la generosidad y la filantropía a la barbarie. Era general el interés de hacer prevalecer la razón, al furor, el respeto à los hombres, à la facilidad de destruirlos, y que era indispensable que los tigres huyeran à vivir con los tigres, cediendo el lugar a los hombres que para sostener sus derechos respectivos no necesitan de identificarse con las fieras. En la comida reinó una alegría sincera nacida del corazón y de la esencia misma del hombre, que solo por el prestigio de la superstición, del fanatismo ó del error, puede extinguir su especie. El General Morillo propuso que se consagrase à la posteridad un monumento que perpetuara aquel dia: que se erigiera una pirámide en cuya base se grabarán los nombres de los Comisionados de Colombia y de España que habían presentado, redimido y concluido el Tratado de Regularización de la guerra entre los dos Pueblos :que la primera piedra que debía ser el fundamento de esta pirámide, fuera conducida por el Presidente de Colombia y por él, que habían aprobado y ratificado aquel Tratado, que se vería en Europa como un documente eterno de generosidad y de filantropía, y que sobre aquella piedra se renovasen sus promesas de cumplirlo estricta y fielmente, dando de este modo un carácter más augusto y religioso à aquel convenio, que debía llamarse el de la conservación de los que en lo sucesivo sean destinados por los Gobiernos á sostener sus derechos. El Presidente adoptó la idéa con transporte, y los dos condugeron al lugar donde se encontraron, y abrazaron la primera vez una piedra angular, que serà la primera que servirá para la columna. Sobre ella se abrazaron de nuevo y reiteraron sus ofertas, haciendo lo mismo cada uno de los oficiales de España y de Colombia; también propuso el General Morillo que los dos Gobiernos destinaran Ingenieros que se encargaran de esta obra, y que se dibujase una estampa que representara al Presidente de Colombia y al General Morillo en el acto de abrazarse la primera vez.

Era admirable, y aun encantador, ver como la naturaleza recobró allí todo su poder, haciendo olvidar las exterioridades de la etiqueta. Allí todos eran hombres: las dos naciones estaban confundidas y suspendiendo las trabas injustas que separan à los hombres, presentaban los corazones, sus sentimientos tales, cuales eran. Los Españoles y Colombianos se estrechaban, se unían y se amaban como tiernos hermanos. ¡Ojalá que los dos Pueblos hubieran sido testigos de este espectáculo arrebatador Ojalá que el grito poderoso de la naturaleza, se haga oír a pesar del espantoso ruido de las pasiones injustas!

Multitud de brindis generosos y propios del dia contribuyeron a hacerlo mas agradable y a aumentar progresivamente la confianza y la alegría de la concurrencia:

“A la heroica firmeza de los combatientes de uno y otro Egército: ā su constancia, sufrimiento y valor sin egemplo. A los hombres dignos, que al través de males horrorosos, sostenían y defienden su libertad. A los que han muerto gloriosamente en defensa de su Patria de su Gobierno. A los heridos de ambos Egércitos que han manifestado su intrepidéz, su dignidad y su carácter. Odio eterno à los que deseen sangre y la derramen injustamente.”

El General Morillo, después de otros muchos llenos de liberalidad:

“Castigue el Cielo a los que no estén animados de los mismos sentimientos de paz y amistad que nosotros.”

El Brigadier Correa: “Prefiero este dia á todas las victorias de la tierra.”

Don Juan Rodríguez Toro:

“La muerte me es indiferente después de un dia tan glorioso.”

Un Colombiano:

“Que la última página de la historia militar de Colombia termine en el 27 de Noviembre.”

De resto hubo amenidad, franqueza, cordialidad y confianza. Concluida la comida, la conversación continuó sostenida por partidas de oficiales de una y otra parte, que no cesaban de felicitarse por los acontecimientos que habían producido aquella entrevista. Boyacá, Riego, Quiroga fueron un manantial inagotable de hechos dignos y gloriosos, que se celebraron con placer. Los esfuerzos heroicos de los guerreros Colombianos y Españoles se refirieron con entusiasmo, y se elogiaron con desprendimiento. En este dia memorable, solo presidian la verdad y la justicia, las pasiones injustas no tubieron entrada en un círculo de hombres, que sentían toda su dignidad. Un momento de tan venturosa existencia, vale por siglos.

El General Latorre manifestó un carácter franco y liberal, presentó con candor y firmeza su adhesión à la Libertad, y en el discurso de una larga conversación con S.E. el PRESIDENTE, le dijo una vez transportado: “Descenderemos juntos a los Infiernos en persecución de los Tiranos.”

El PRESIDENTE correspondió á cada uno de estos rasgos heroicos con sentimientos de admiración y de gratitud. Enagenando durante esta entrevista ha contemplado el poder de la justicia y el triunfo de la Libertad.

A la mañana del dia siguiente, S.S. E.E. se dirigieron de nuevo a la PIEDRA, se estrecharon mil veces: repitieron sus promesas y sentimientos: victorearon alternativamente las Naciones Española y Colombiana, imitando su egemplo todos los Oficiales, y se separaron llenos de placer y satisfacción.

Tal ha sido la entrevista de Sta. Ana. Ojalá que sus consecuencias sean conformes a los sentimientos de que estaban animados los que la Española, dilatando así las del Mundo

ARTICULO CÓMUNICADO.

Señor Redactor: Cuando ménos lo esperaba el mundo, se ha celebrado entre el Gefe del gobierno de Colombia, y el Gefe expedicionario de Costafirme, á nombre del Gobierno de España, la transacción pacifica del armisticio de 16 de pasado Noviembre, por la que ambos contendientes deponen las armas por algun tiempo, con el fin de tratar de la paz, siendo tal la sorpresa que ha causado este suceso, que no se ha manifestado por él, la aprobación y el contento que debía esperarse.

No es extraño este efecto, si se atiende à la variedad de la opinion entre los hombres, y al golpe repentino del paso de un estado positivo, ā otro de género neutro, ó mixto, como el Armisticio; por el que, no asentándose ni una efectiva guerra, ni una efectiva paz; es necesario atender à ambos obgetos. También los momentos en que, estando preparados, y ā punto de batirse nuestros egércitos con los Españoles, se esperaban noticias favorables conforme à la situación ventajosa de aquellos, y al curso precipitado de la opinion a favor de nuestra causa; han debido producir esos efectos prematuros, influyendo acaso también, el modo general de ver el hombre todos los sucesos; en que lo primero que observa, es la relación que tienen con el interés personal, por cuyo pequeño círculo se quieren arreglar los grandes negocios generales. Sin embargo, este es un defecto de las circunstancias, y los Americanos son tan perspicaces, que luego lo perciben, y se corrigen.

Antes de ver el Armisticio, é informado solamente, me he explicado haciendo serias observaciones por cierto respecto, de las que no me retracto; pero que no son al presente el lado por el que medito y escribo. Inmediatamente logré imponerme de él, y también percibí la divergencia de la opinion pública en cuanto à los fundamentos y pronósticos con que ha sido considerado; y como no he hallado un sentimiento dominante en la materia, porque unos están irresolutos, y otros agoran fatalidad; he querido dar mi opinion, como lo hacen todos; pero en un sentido conveniente, con intención de hacer bien, y dispuesto à cualquier resultado. Porque me parece, que, en un acontecimiento de tanta monta, es necesario que los pueblos conozcan cuál es su importancia, y cuál debe ser su resolución. Al intento, pues, provoco con esta iniciativa las observaciones de otros génios más felices, al mismo tiempo amigos de la causa universal; à fin de elucidar este acto interesante, con dirección al obgeto propuesto en su art. ll, à saber: la negociación de la paz ó sea bajo otro cualquiera de los muchos respectos por donde convenga examinarse.

Después que el hombre entró en sociedad, y extendida esta, se enlazaron los intereses de unas con otras sociedades; no ha sido siempre la fuerza de las armas, la que ha terminado sus diferencias, y dado las ventajas. Se ha conocido otra fuerza, la de la política, tanto ó más poderosa que la otra, que tiene diferentes principios, otras máquinas, y otros modos de obrar. En ambas se han formado elementos de ciencia, que abrazan una infinidad de conocimientos, que deben ser sabidos de los que rigen las naciones, y de los que mandan las armas. Y como Colombia ha manifestado ya al mundo, de cuanto es capaz para a una; ahora se le ofrece en la otra, esto es en la política, otro campo en que debe manifestar su capacidad.

Pero preguntan muchos, ¿será efectivo el Armisticio por parte del Gobierno Español? ¿No será un medio para que, organizada entretanto la España, pueda enviar expediciones¿Se reproducirán en el General D. Pablo Morillo las obras de les infractores de otros tratados semejantes; y la España en sus Cortes, será lo que muchos de sus Reyes, ¿transgresores de la buena fé y de la justicia? No hay que ofenderse de este lenguage, pues la historia, y la propia y la propia experiencia, enseñan á la América sus causas expedicion y la autoriza para la desconfianza. Sin embargo, considerando entre otras cosas, la estructura del Armisticio; es tan debido el creer que aquella Asamblea de hombres selectos, congregada para hacer la felicidad de su país, no será inconsecuente, y si justa, para con los Pueblos que anhelan, y todo lo exponen por el mismo beneficio; que no temo decir, no debe esperarse aquel resultado funesto. Alguno dirá que peco de crédulo: pero los pronósticos para el siglo 19, y sus luces, los intereses de Europa, el estado de los pueblos contendientes, la fuerza de los principios liberales, y en fin, mi conciencia no me dictan otra cosa. La España constitucional debe ser liberal y justa; de otro modo minará su misma existencia. Quiero, pues, creer á la buena fé que nos manifiesta: más con la condición de que nos preparemos perfectamente para cualquiera que sea el resultado de Armisticio, ó de estipulaciones subsecuentes. De esta manera, nunca pesara á Colombia haber puesto á un lado su espada (aunque desenbainada) para conferir sobre la paz, digna y útilmente.

Este es en verdad el obgeto de la guerra, quiero decir, negociar la paz. Y ¿qué conquista más preciosa para Colombia después de diez años de exterminio, y aun para la España que lucha por reponer sus pérdidas, y dará sus pueblos el sosiego y la felicidad que no goza ha tanto tiempo? Depóngase el espíritu de prevención, y véase la historia de los pueblos que han estado en el caso de Colombia y España; y se encontrarán estas mismas transacciones, que generalmente hablando, han producido buen efecto. Por lo ménos, no dirán en fin nuestra prosperidad, que la obstinación ha sido la dote de nuestro Gobierno; y que cerrando los oídos á todo acomodamiento, ha hecho resistencia aun á los acentos de paz, por cuya esperanza se han formado esas actas importantes.

Bien puede ser (como creen algunos, y se fundan para ello) que el Gobierno de España no quiera para la Colombia, lo que quiere para sí; esto es, un Gobierno propio, justo y representativo que la haga feliz; y puede ser que no arrancando de raíz las ansias de la dominación, no ménos que ciega sobre sus intereses verdaderos, resuelva continuar la guerra. Nada habríamos perdido; porque habiendo un Gobierno, teniendo recursos, la misma resolución por la Independencia, y aumentadas las fuerzas, volvería Colombia á las armas. Esto, nada tendría de extraño; porque habiéndolas manejado por más de diez años, ella lograría en proporción las ventajas que la España se hubiese propuesto por el Armisticio; y tendría además la ventaja del tiempo que aumenta la fuerza de los derechos, robusteciendo la opinion por la Independencia; cuando la España por los mismos principios, perdería mucho de las esperanzas del suspirado dominio.

Debe observarse también, que al sancionar el Armisticio con unas formas tan serias (y del que no hay egemplo en la presente revolucion), ambas partes conforme á la ley de las naciones se deben ceñir á su observancia, por respeto á las mismas naciones que la han establecido, que la guardan religiosamente, y la hacen guardar. Que es decir, que si en lo concerniente al Armisticio, ó la Regularización de la guerra, se separase una de las partes de lo contratado, tendría la otra á su favor el apoyo de las naciones, suponiéndose que son unos garantes natos de tales convenios.

Bien veo que el Armisticio lo neutraliza todo; porque segun dige al principio, es un Tratado como de tercer género, que no produce ni un estado de guerra, ni un estado de paz; que obliga á tratar sobre ambos obgetos; y que multiplicando por necesidad las atenciones, puede debilitar la principal de todas, particularmente por una demasiada confianza en promesas y esperanzas no seguras. Y sin duda que este es un estado de mucho peligro, en la situación actual de la República.

Entonces, se hace indispensable para no caer en el mayor abismo, cuidar con preferencia del obgeto capital, no olvidando el que depende de el absolutamente. Y que supuestas las medidas y resoluciones del Gobierno, haya una cooperacion voluntaria y generosa de sacrificios por todas las clases de la República, si es que no queremos engañarnos con ilusiones, y deseamos de veras; coronar los esfuerzos por nuestra Independencia nacional. Hemos llegado, Colombianos, (dejad que os lo repita) á unos de los momentos más críticos y nuevos para la América del siglo 19, en el que el consejo debe caminar al lado de la fortaleza, para no ser vencidos en la campaña, ni burlados por las artes del gabinete.

El ruido sordo de estos riesgos, es sin duda el que, agolpado de improvisto, ha traido esa variedad en la opinion general, y el disgusto de tantos, á quienes no puede hacerse cargos. Porque les va todo, y va toda la República en el desenlace de esas negociaciones; y por qué hablando netamente, en el sistema representativo la manera de opinar es libre, y en esta facultad, y la de la libertad de Prensa, se cifra exclusivamente la seguridad de estos, y los demás derechos. Y éste es el mayor fundamento por el cual, conviene y aún debe el Gobierno atender y respetar la opinion general, como un secreto para crecer y conservarse las naciones; lo cual nos recuerda las grandes desgracias, que por no guardarse ese principio eminentemente justo, y haberse adoptado resoluciones contrarias, ha sufrido la Patria.

Nada, pues, teman los pueblos, si suspendidas las armas, se habla y confiere acerca de la paz, que saben les es más beneficiosa; y si tienen presente que Colombia, por su cuerpo representativo, y por el gefe de la administracion, han anunciado al Gobierno Español, la base sobre la que debe enterarse en la negociación. En tal caso, el Armisticio es el paso primero y esencial para comenzar á entenderse, no hay otro conocido, y es el mismo que adoptan las naciones más bárbaras. Porque no es regular comprometer en el juicio de las armas, la suerte de los pueblos, abandonando el juicio de la razón; especialmente cuando un contendiente lo reclama, y cuando la razón y la justicia de Colombia no son tan débiles, que teman manifestarse á todas luces, así como ha mostrado su virilidad en el campo de batalla.

Ella desplegará en consecuencia su fuerza política; y verán todos, que injustamente se le niega esta capacidad, no obstante haber dado tantas pruebas contra ese concepto, hijo de la prevención del antiguo sobre el nuevo mundo, sostenido de la política profunda del Gobierno de España. Porqué ¿no es bastante para comprobar esa capacidad, la decisión contante de Colombia por establecer su arreglada organización, ya en la formación de su carta, ya en la instalación de su Gobierno, ya en el arreglo posible de su administracion interior, ya en la mejora y reforma de algunas leyes, y ya en otros obgetos? Dejad pues, Colombianos que se hagan más pruebas de vuestra aptitud política; y el mundo, las naciones imparciales, y la misma España, os admitirán al rango á que estáis llamados por el Regulador Supremo.

Hay otra ocurrencia bastante feliz, proporcionada por el Armisticio, y la Regularización de la guerra, que debe ser muy placentera y útil para Colombia. Hablo de la formación del Congreso de la unión en Cúcuta, indicado para el Enero Próximo en la Ley Fundamental de ella, y para la que están convocados los Diputados, y todo preparado. En el estado de guerra era peligrosa, por no decir imposible, su reunion en un lugar expuesto á incursiones y proyectos hostiles, que incapacitaría sus deliberaciones, y su mismo decoro; se impediría la importante concurrencia del LIBERTADOR PRESIDENTE para su apertura y comunicaciones; y en una palabra, no podría hacerse tanto como puede hacerse durante el Armisticio: bien sobre lo relativo á éste, bien sobre las materias de unión y otras. Todo está ahora allanado, todo lo completará en sosiego la sabiduría, y acaso sin lisongearnos con idéas de la imaginación, los preliminares y bases de una paz sólida y útil á ambas naciones, serán allí sanjados.

Y, por fin, si teniendo Colombia un Gefe tan indubitablemente decidido por su gloria, y prosperidad, ha creído necesario y conveniente el Armisticio y el Tratado de Legalización de la guerra, es el deber de los Pueblos sancionarlos con su voto y deferencia, y obrar constantes, sosteniendo las medidas del Gobernador del Estado, que lleva el timón de la nave, conoce los escollos que ha de evitar, y la dirige al puerto. Confianza, Colombianos, confianza y respeto por el Gobierno y por los que colocados al frente de los negocios de la guerra y de la paz, entienden sus intereses y los momentos de combatir ya en la arena, ya en el gabinete; cooperad para superar esta calma alarmante, que si no se sabe que traerá tras sí, puede creerse, que siendo superada, la nave será salva.

Hablando una palabra sobre el Tratado de la Regularización de la guerra, ¿quién no bendecirá la bondad del Cielo, contemplando el momento en que se puso término á la desolación que ha yermado nuestra tierra, que habia abierto la fosa de nuestra generación, y habia despedazado los vínculos consoladores de la naturaleza? ¿Quién se atreverá ya á romper ese muro, ese monumento de gloria para ambos pueblos, que al fin se han reconocido y respetado? ¿quién no verá con gozo ese triunfo de las pasiones desenfrenadas, y esa noble restitución de los derechos, de la inocencia y de la justicia? Queden para la historia y la posteridad, los justos ecomios por los autores de una negociación tan honesta, como beneficiosa. Yo no hallo voces con que expresar mi alborozo por el bien que se ha hecho á la humanidad; y dejo para otra oportunidad discurrir sobre este acto que no ha estado exento de impugnaciones.

Por lo que á mi toca, publico á la faz del Universo, que mi alma y mi corazón se han ensanchado tanto por hechos tan sublimes, cuanto que creo haberse ganado dos campañas tan brillantes, como si se viese rescatado el resto de Venezuela. Con la circunstancia de que venciéndose recíprocamente los contendientes, los pueblos pueden (reuniéndose) lograr los opimos frutos de ese convenio; preparando y egecutando Colombia las medidas que diesen la energia y la política.

En fin, Colombianos, el nuevo cuadro no puede penetrarse de un golpe: lo cubre una cortina que apénas deja ver una pequeña parte de su fondo. Yo he dicho algo de él, y el tiempo irá corriendo el velo; observémoslo con detención y cuidado: que pudiendo, yo seguiré emitiendo mis reflexiones, como lo hago ahora con tanto gusto como respeto.

UN OBSERVADOR.

DECRETO SOBRE DESAFOS.

Ministerio del Interior y de Justicia. -Palacio del Gobierno, Angostura à 7 de Noviembre de 182O-Al Excmo. Señor Vice-Presidente del Departamento de Venezuela.

-El Excmo. Sr. Vice-Presidente de la República con fecha 2 del presente, se ha servido expedir el decreto siguiente

Condescendiendo con los justos, deseos del Supremo Poder Judicial, declarados en la causa seguida contra unos extrangeros por desafío y dirigidos à la publicación y observancia de la pragmática de 16 de Enero de 1716, mandada observar inviolablemente, y con toda su fuerza en el art, 47 de las leyes penales compiladas en la Ordenanza militar de 22 de Octubre de 1768, que por ahora rige en esta República, y considerando que además de las razones alegadas en ella contra los duelos desafíos, condenados por las leyes eclesiásticas y civiles, como opuestas al derecho natural, y à la autoridad de los tribunales erigidos para vengar los agravios personales y públicos, concurren otras peculiares de un Estado naciente, y despoblado en actual guerra por su independencia y libertad, tales como la necesidad de conservar y proteger à los individuos que han de poblar los desiertos hechos por la mano desoladora del enemigo, ó que han de cooperar à la defensa del país, ó que han de introducir en él los conocimientos científicos, la industria y las artes proscriptas en el anterior régimen colonial; y tales en fin como el cómo el continuo egercicio del teatro de la guerra en donde pueden todos acreditar, su valor y fortaleza de una manera digna de gloria. honor y que à todas luces haga ver que el abstenerse de retar ó de admitir el desafío no arguye cobardía, sino el debido respeto y obediencia à las leyes y autoridades constituidas, y un sano juicio que no está imbuido de las falsas idéas del honor y del valor, he venido en decretar y decreto lo siguiente:

Art. l.º En cuanto no se oponga al sistema constitucional de Colombia ni se halle derogada, ni alterada por actos legislativos posteriores à su promulgación se observará la pragmática de desafíos de 16 de Enero de 1716, reproducida las ordenanzas de egército de 22 de Octubre de 1768, y en la novísima recopilación que por ahora rigen en todo el Estado de la República:

2° A los siguientes puntos está reducido todo lo dispositivo de esta pragmática:

3.” El desafío se tiene y estima por delito infame: de consiguiente pierden sus empleos, rentas y honores, y quedan de por vida inhábiles para obtenerlos los que desafiaren, los que admitieren el desafío, los que intervinieren en el cómo terceros, ó padrinos, los que llevaren carteles ó papeles con noticia de su contenido o recados de palabra para el mismo fin:

4 º Si llegare á tener efecto el desafío saliendo los desafiados ó alguno de ellos al campo, ó puesto señalado, aunque no haya rina, muerte, ó herida son castigados con pena de muerte, y todos sus bienes confiscados aplicándose la tercera parte de ellos á los hospitales del territorio donde se cometa el delito, y comience el proceso, deducidos los gastos y una recompensa razonable al denunciador:

5.º. Se tiene por desafío y se castiga como tal cualquiera riña, que sucediere intempestivamente, y en otro lugar fuera de poblado ó en poblado, en puesto retirado ó à deshora en que sobrevinieren las palabras ú otra cosa que dió motivo á ella. El Juez podrá minorar el rigor de la pena ordinaria, cuando por vehementes congeturas y presunciones se probare que fué casual el encuentro, y no de caso acordado y convenido:

6.º Las probanzas son tan privilegiadas, como las del crimen de Lesa Magestad, bastando testigos singulares indicios y congeturas –

7.° Probado el desafío con dos testigos de fama y de notoriedad en ausencia ó rebeldía, será egecutada la sentencia en cuanto à los bienes del reo siempre que éste no comparezca dentro de dos meses después de publicada la condenación:

8.º Los que vieren y presencian la riña consecuente al desafío, ó no lo embarazaren, pudiendo ó no fueren luego à dar aviso à la Justicia, incurren en la pena de seis meses de prision, y llevan la multa de la tercera parte de sus bienes:

9.º Los Jueces omisos en la egecucion de esta pragmâtica, por cualquier leve descuido sufren la pena de suspension de empleo, é inhabilidad de obtener otros por seis años. Si la omision fuere grave, ó dolosa seràn castigados como participantes y cómplices del delito principal:

10.º No hay prescripción, ni declinatoria de fuero contra el conocimiento de esta causa: –

11.º Por via de consulta ó de apelación deben ir todas las sentencias al Tribunal Superior, ó Supremo de la nación:

12.º Està comprendido en la pragmática el desafío cometido en las fronteras ó en el territorio extranjero con tal que se haya provocado y aceptado con esta condición en el lugar del alcance de la pragmâtica:

13 º Todos los sugetos à ella son exortados à vivir con la paz, unión y concordia necesaria, para su conservación, la de su familia, y la del Estado, guardando entre sí la correspondencia y respeto que unos á otros se deben, y haciendo cada uno lo que pueda para evitar toda diferencia, contienda y querella, que pueda dar ocasión à procedimientos de hecho, por ser esto más conforme à las máximas del verdadero honor y reglas del Evangelio: –

14.º Por último se encarga à las personas de mayor influjo, opinion, y autoridad que se apliquen con el mayor cuidado y vigilancia á terminar y componer todas las diferencias y disgustos que sobrevinieren entre los súbditos para evitar que sus consecuencias vayan aparar en desafío y castigo de este crimen:

15 º El Ministro del Interior y de Justicia està encargado del cumplimiento de este Decreto que se comunicará, publicará, y circulará en la forma correspondiente, teniéndose presente para su tiempo el parecer con, que concluye la determinación del Supremo Poder Judicial en la expresada causa- . Dado, , firmado de mi mano, sellado con el Sello provisional del Estado, y refrendado por el Ministro del interior y de Justicia, en el Palacio del Gobierno en la espiral de Guayana, a 2 de Noviembre de 1820.- Juan German Roscio.

Por S.E. el Señor Vice-Presidente de la República. —El Ministro del Interior y de Justicia— Diego B. Urbaneja. —Lo comunico à V.E. para que disponga su publicación y cumplimiento en el Departamento de su mando. —Dios guarde á V.E. –Diego B. Urbaneja.

EUROPA.

(España. —Papel impreso en Cádiz.)

JUICIO IMPARCIAL.

Sobre las ocurrencias del General Riego en la Corte. Se presenta hoy á nuestra inspección un fenómeno político, digno de la reflexión de los curiosos y de los votos de los sàbios: yo como ciudadano aunque carezca de ambos títulos, puedo reflexionar y vetar, ó exponer mi parecer, haciéndolo con aquella ingenuidad propia de los hombres de honor, y evitando caer en la nota de parcial.

Sabidas son bastantemente las ordenes comunicadas por el gobierno al General D. Rafael de Riego, para la disolución de su pequeña división: su nombramiento para Capitan-general de Galicia, su repugnancia á rechazamiento de tales órdenes: su presentación en la Corte: sus conferencias con el rey y sus ministros: el entusiasmo del pueblo, y también el alboroto y rebelión de los perversos, prorrumpiendo en expresiones alarmantes y subversivas del sistema constitucional que tenemos proclamado y jurado.

La primera reflexión que se ofrece à nuestra vista es: ¿el rey es ó no el piloto de la nave del Estado? No creo propasarme si aseguro bajo tal punto de vista que el rey es más que las Córtes: las Córtes ó la nación, que es lo mismo, son los dueños de la nave: estas le proporcionan alimento, buque, cartas, instrumentos, carga y todo cuanto conduce à salvarla y rendir su viage felizmente como si digésemos poderes, armas, leyes, y una enagenacion de cierta parte de la autoridad que residía en la sociedad española y ¿habrà alguno que reconociendo en este piloto ó rey tal representación se atreva à substraerse de su obediencia? ¿No se expondrá luego à experimentar el rigor de las leyes de que es depositario? En este mismo caso ó falta ha incurrido el General D. Rafael de Riego: nos es muy satisfactorio asegurar la bondad del ínclito caudillo que tan à costa suya quizo asegurar la libertad de su patria: su redención de las cadenas que la oprimían: conocemos su genio franco y generoso, su fogosidad genial, y en fin sus virtudes militares: puede vanagloriarse de ser el creador de nuestro sistema el restablecedor de las Córtes; puede vanagloriarse vuelvo à decir de haber sido puntal que ha sostenido este edificio ruinoso: que ha fijado y levantado el suntuoso edificio de la monarquía española: que ha constituido à Fernando primero en su solio firmemente; que ha desterrado de entre nosotros la inercia, la poltronería y el fraude: que ha regenerado à la España desterrando abusos: que ha restituido al labrador à mejor suerte: al canónigo à la sobriedad: á la iglesia todo su esplendor: en fin, que en la mejora de las instituciones de Europa es el primer artífice: el derrocador del servilismo: el redentor del liberalismo ya casi espirante: y en conclusión que su nombre con el digno Congreso que nos labró tan preciosa obra seràn llevados à la posteridad por nuestros hijos con mas honor que los Viriatos, Sartorios y Pelayos: confesaremos con franqueza que solo Riego y Quiroga y sus dignos compañero serán capaces de restablecernos en los derechos que disfrutamos, desde que el génio del mal el perverso Elio y los 69 perjuros persas nos pusieron el sello de perpetua esclavitud: pero la alma noble de Riego ¿ nos negará que ha delinquido desobedeciendo à la autoridad reconocida, al monarca que nos rige segun la ley, a quien hemos entregado el timón?, ¿Nos reusará confesar que con su yerro ha dado armas á sus enemigos y los nuestros para propalar idéas tan contrarias à nuestros sentimientos?¿ No podremos decir con razón que la divergencia de la Corte y nuestros apuros y disgustos en estos días siempre memorables, proceden de igual origen?, ¿ No conoceremos que un espíritu malo (algun falso amigo) ha dirigido sus pasos hace muchos días, desde la publicación de las proclamas á las Córtes y al Rey, hasta la finalización de su salida de Madrid, y manifestación de las conferencias con el Rey, y sus ministros? ¿Nos negará que los asuntos que pertenecen al gobierno son del carácter de un particular para publicarlas?

¿Es verdad que tampoco tenía fundamento para desconfiar del poder egecutivo ninguna mira siniestra ni anticonstitucional? Bastante prueba es su nombramiento de Capitan general de Galicia, cuyo rompimiento y opiniones fue el complemento de su obra; más las expresiones de su carta me responden mejor á esta sospecha, dice: “He aquí el estado del asunto con respecto al Rey y á sus ministros: ministros que á mi entender, aspiran sin deber pretender serlo, al nombre de los únicos creadores de la libertad civil de su patria, únicos restauradores de ella, y únicos consolidadores del sistema.” Luego si aspiran á tales títulos harán obras que no se los desmerezcan; luego no son contrarios al sistema; luego los protegen; luego el General Riego conoce su adhesión, y de tales conclusiones se saca que todas sus órdenes fueron buenas, y por consiguiente dirigidas al bien de la patria. ¿Estaba en el orden que fuese á disponer de los destinos que está á cargo del gobierno el proveerlos? Estamos bien persuadidos que estas determinaciones no son dirigidas por la prudencia del General Riego: lo hemos visto dar pasos en Sanlúcar de Barrameda con su gobernador para conciliar desavenencias de este gefe de la plaza con dos oficiales de su división, teniendo estos la razón según el voto general.

De lo expuesto se deduce que el invicto Riego, pecó, y por tanto fue separado de su mando: que el gobierno desplegó una energia de que hasta ahora habia carecido, sobreponiéndose al cúmulo de sus méritos; es consecuencia bien precisa que ya ningún gefe, provincia ó reino se atreverá á contrariar sus disposiciones sin exponerse á mayor castigo, mediante á no poder balancear ni alegar tantos méritos.

Sin poderlo remediar se nos presenta ahora un problema bastante curioso, y que debe excitar á todos los amantes de la justicia á solución. Habiendo sido separado D. Rafael de Riego del comando de su división y de la capitanía general de Galicia, sin más delito que el de la desobediencia, por un presentimiento o sospecha de miras anticonstitucionales, y esto con tanta ligereza ¿Por qué duran tanto las causas de Zaragoza, Burgos, Galicia, Persas, Elio, y los ilustres personages del diez de Marzo? ¿Por qué no han recibido ya su merecido? No podemos ménos de decir que los alborotos que se han promovido y se promueven en adelante, solo proceden y procederán de esta falta de justicia: delitos hay y delincuentes: ¿pues porqué no se satisface á la vindicta pública ¡ ¿Por qué no hay igual energia para con todos? ¿Porqué no se sofocan esas hidras servilitas que por todas partes se reproducen? Yo no encuentro otra razón de disculpa, sino que antes era el bárbaro despotismo el que dictaba la sentencia, y era irrevocable, y ahora es el trámite justo de la ley: más sin embargo, Marzo, Abril, Mayo, Junio, Julio, Agosto y parte de Setiembre son seis meses corridos y ¿aún no es tiempo de haber fallado en esta causa? ¿saldrán á pasearse? Veremos: si salen libres ¿se destinarán de cuartel, ó empleados para resarcirles perjuicios y honor? Veremos.

M.C.

SUPLEMENTO

Al Redactor de la Sociedad Patriótica de las Isla de Leon, del Viernes 8 de Setiembre de 1820, Carta del General D. Rafael de Riego á sus compañeros de armas los Generales López Baños, y Arcó Agüero.

“Madrid 3 de Setiembre de 1820:- Mis amados compañeros y amigos: he llegado a éste, animado de los sentimientos que V.V. tienen bien conocidos, y optando en todo consiguiente a los que ellos me dictan, y a lo que me arrastraron, he hecho hasta ahora le que voy a indicar à V.V. Vi y hablé al Rey dos veces, y en la segunda tuve lugar à descubrirle todo el fondo de mi corazón, respecto del principal obgeto que me habia hecho salir incógnito de la patria, y por consiguiente la suya personal y la de su trono; evitando con mi presencia en la Corte males que pudieran haberse sucedido y desvaneciendo los infundados rumores que corrían de nuestra desobediencia y miras opuestas, ó extraviadas, á la feliz restauración que se proponía hacer S.M. del sistema constitucional; con el que estaban  enlazadas nuestra gloria y felicidad futuras. Le dige además lo impolítica é intempestiva que creía ser la órden dada para la disolución ó separación del egército, órden que habia excitado tanta desconfianza en todos sus individuos y Gefes, como asimismo en toda la nación, haciendo suscitar dudas sobre la recta conducta del poder egecutivo. Si no se lo he dicho a S.M. con estas terminantes palabras, se lo he indicado de una manera semejante y bien perceptible. Le manifesté después, como el distinguido encargo que me habia confiado de la comandancia general de Galicia no era compatible, ni con mis fuerzas para desempeñarlo, ni ménos creía estar el bien de la patria en que se me encomendase; excitando celos y emulación en los heroicos militares de aquel reino, y en el benemérito gefe que al frente de ellos habia sabido mantener en el mejor sentido a los numerosos habitantes de tan importante provincia, de cuya buena conducta y ardiente celo por la consolidación del sistema constitucional, que tanto esplendor habia de dar a su trono, no tenía la menor noticia hubiese en el ministerio ningún motivo fundado de queja, ni de desconfianza. Añadí además a estas razones las poderosas de que tanto el egército, como los pueblos todos del reino de Sevilla, y de la provincia marítima de Cadiz deseaban con demostraciones, que manifestaban ser las más vivas, mi permanencia en dicho egército; deseos que también creían eran los de todos los buenos españoles; à quienes merecíamos aun el que nos mirasen, como desde el primer dia, en el verdadero y no alterado concepto de unos patriotas armados amantes de la libertad civil de su patria, sin otras miras que su completa restauración. S. M. tuvo à bien oírme con agrado, y de darme pruebas en las expresiones lisongeras con que me respondía, del buen concepto que tenía formado acerca de la rectitud de mis sentimientos: y que si bien no variaba por entonces de resolución en sus órdenes expedidas, no se desagradaba de mis observaciones y motivo de suspender la egecucion de aquellas.

“Tuve en el mismo dia una larga conferencia con los ministros, en la que fundados en los mismos principios les expuse con libertad, pero con el debido decoro, sobre su tenaz conducta en querer obrar contra el sentimiento general del egército y de la nación. Les hice proposiciones de transacción, en las que les descubría que no eran otras mis miras y las de esos patriotas soldados que el bienestar de la patria, y la radicación del sistema que la habia de hacer feliz. Les propuse que quedase enhorabuena ese egército sin nombre de observación, que quedase sin raciones ni gratificaciones. &c. &c.; que uno de V.V. mandase la provincia de Sevilla, otro fuese gobernador de Cadiz y yo comandante del egército de la provincia marítima; el que podría componerse de los siete batallones que se habían pronunciado en Enero, y del escuadrón de artillería: manifestándoles en esta proposición, que prefería el bien de la patria a mi interés personal, escogiendo una pequeña provincia, y de un clima destructor de mis quebrantadas fuerzas físicas, al mando importante de un reino grande, y que tenia además para mí el aliciente de la analogía con el de mi país nativa; pero ninguna de mis proposiciones han querido absolutamente admitir. He aquí el estado del asunto con respecto al Rey y à sus ministros: ministros que, a mi entender, aspiran sin deber pretendérsele, al nombre de los únicos creadores de la libertad civil de su patria, únicos restauradores de ella, y únicos consolidadores del sistema; mirándonos por lo mismo con celo y envidia, que su amor propio no les permite percibir dentro de su propio pecho, acalorada su imaginación con necios rumores que excitan, ya que no sea ellos en otros, aquellas pasiones mezquinas, una injusta desconfianza, con la que quieren presentarnos, suponiéndonos miras extraviadas y militar ambición: ¡miseria y pequeñez del espíritu humano, que el cielo permite se mezcle en las almas de los hombres más grandes y merecedores, bajo de otro respeto, de toda la estimación pública y mía V.V. han de tener la bondad de comunicar à los comandantes de los cuerpos todo esto que à V.V. les indico: pues à todos debe manifestar, descubriéndoles mi conducta, cuanto me merecen su inclinación àcia mi persona y su cariño.

los buenos, y de la confianza que tiene puesta en la firmeza é inmutabilidad de mis sentimientos patrióticos, no estaría bien que yo se lo digese à V.V.; contentándome por lo mismo con indicarles que ha excedido mucho a cuanto mi amor propio y sed generosa de la aprobación y aprecio de mis conciudadanos. pudiera haberse figurado o apetecido.

“Yo no quiero más que la libertad de mi patria, lograda por el mismo medio del sistema constitucional que ha proclamado: yo no suspire por más que ver su radicación alcanzada por aquellas prudentes medidas que deba tomar el poder egecutivo, para asegurarla à los pueblos, à les patriotas españoles que, à la sombra de patriotas armados, la han proclamado en todas las provincias, en la Corte misma, y que hasta ahora la tienen conseguida.

“El Congreso nacional no ha hecho aun en esto nada; y creo que debe hacerlo todo en el punto ya de inflamación à que han llegado los espíritus. Yo lo espero: é instrumento siempre de la autoridad legislativa y egecutiva, no daré un paso atràs ni adelante que vea no ser dirigido al único obgeto de mi primer fin, el que V.V. y todo el mundo han visto: el de morir de cualquier modo por hacer libres constitucionalmente à mis conciudadanos : porque en el completo logro de esto va su felicidad unida con la mía, la de todos mis compañeros de armas, tanto de ahí como de aquí, en fin de España entera y de Europa toda.

“Saludo à V.V. con toda la sinceridad de mi afecto, asegurándoles que desde mi salida de ahí hasta ahora, tanto V.V. como mis compañeros los Gefes, oficiales y soldados de todos les cuerpos han ocupado lo principal de mi memoria  más intenso de la inclinación de mi espíritu. Queda siempre de V.V. afectísimo compañero y amigo Q.B.S.M.—Rafael de Riego.”

Nota. —Para rectificar la opinion pública, que quizá pudiera ser extraviada por la ignorancia ó la malicia, el General Riego ha tenido por preciso publicar la anterior carta, que con la fecha indicada ha dirigido a sus compañeros de armas.

(Se continuarà.)

ESTADISTICA.

Capital de Guayana.

Nacidos y bautizados durante la semana:

Varones…. ……….2

Hembras ……………8

Casados……………..2

MUERTOS

Varones: 1 de 64 años casado.

Hembras: de 4 años.

Idem…… l de 56 id. viuda.

Id………. 1 de S8 id. Idem.

ld… 1 de 29 id. soltera.

ld………. l de 14 días.

ld………. 1 de 2 meses.

Siete muertos.

Angostura: impreso por ANDRES RODERICK Impresor del Gobierno, calle de la Muralla.