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Correo del Orinoco N° 77. Angostura, Sábado 26 de Agosto de 1820

Correo del Orinoco 1820 N° 77

NEGOCIACIONES DE MORILLO.

Cumplimos nuestra promesa publicando hoy el oficio del Comandante de las Fortalezas de la Antigua Guayana, en que está inserta la contestacion que le dieron los Comisionados del General Morillo, ó consecuencia de haber los instruido de la única base admisible para negociaciones con el Gobierno Español. Nuestros lectores verán en ella que los decantados sentimientos paternales del Señor Fernando, y la cacareada fraternidad del Señor Morillo, están reducidos à que nos sometamos à un Gobierno aborrecido y mortífero: à que reconozcamos la Constitucion de Monteverde, de Zuazola, de Boves, de Morales: à que prefiramos la muerte en un patíbulo, ó en horrendas mazmorras, à la gloria de sellar con nuestra sangre nuestros juramentos; à que cobardemente antepongamos una vil y momentánea existencia à la salud pública y à la dignidad nacional.

Pretendian estos Comisionados derivar sus poderes del Gobierno liberal Español: y aunque convenimos en que la Constitucion à que ellos se dicen sugetos no autoriza al Rey ni à su Junta de Gobierno d reconocer nuestra Independencia, fallando asi contra la integridad de lo que ellos llaman territorio Español, no podemos ménos que resentirnos del insulto irrogado con tan necia proposicion. Bien sabian ellos que hacerla, era pretender que retrogràdasenos infinitamente, que reprobasémos nosotros mismos nuestra heroica resistencia que infanàsemos la memoria de los que han sacrificado su vida en defensa nuestra: que sancionasémos los asesinatos y las depredaciones que han cometido en toda nuestra familia; que absolviésemos, ó mas bien que santificasémos el perjurio, el incendio, horrorosas devastaciones: bien sabian ellos que nos envilecériamos asintiendo à su demanda: que quebrantariamos nuestra fé nacional empeñada àcia las naciones extrangeras; que nos degradaramos à nuestros propios ojos, y à los de los extraños: que nos haríamos dignos del desprecio de nuestros contemporáneos, y de la execración de las generaciones futuras: bien saben ellos que ceder es anonadarnos; que sería una demencia renunciar à nuestra gloria, à nuestra fortuna à nuestra existencia, que selo el delirio podria inducirnos a la inconsecuencia de conceder de grado lo que hemos estado disputando por diez años, lo que por diez años hemos estado resistiendo à inmensa costa; lo que hemos antepuesto à todos los goces, y à la dulzura de nuestras casas, lo que estimamos en mas que nuestra propia vida: bien lo saben ellos, y ciertos de la única respuesta, que era dable esperar, si han venido sin embargo à insultarnos con su odiosa proposicion, su hipocresía traia el doble intento de enervar nuestros esfuerzos inspiràndonos una confianza falaz, à al ménos de suspender las hostilidades hasta que reforzados pudiesen continuarlas por su parte, y conseguir al mismo tiempo un nuevo pretexto que presentar à las Córtes y à la nacion española, para interesarlas en la continuacion de la guerra. Fernando y su Junta de Gobierno, contra cuyas infracciones de la Constitucion tanto declaman ya los Españoles en la Península, han querido escudarse con tan insidioso ofrecimiento contra el cargo que podria hacérseles por su conducta con respecto à nosotros.

La malevolencia que dictó esta medida hipócrita, dictó tambien las condiciones. No se exigia de nosotros sino el reconocimiento de la Constitucion española; y los Comisionados pretendian estar autorizados para acordar les condiciones que se creyesen convenientes, con tal que no se opusiesen à aquella Constitucion, es decir: ríndete, y te dejo la vida. Mas ni aun ésta nos aseguraban, porque no se ofrecia ahora garantia ninguna de que no atentarian contra ella, y se dejaba al Congreso el entenderse directamente sobre garantias con la Corte de España, conviniendo entretanto con la cesacion de la guerra. Este era su obgeto: su intencion nunca ha sido otra que la de desarmarnos, y que inermes é incapaces de oponernos à su furibundos saña, fuésemos à la Corte de Madrid à acusarnos de haber querido ser hombres; y que apareciendo allí como reos confesos, recibiesénos agradecidos la sentencia de nuestra ruina, y aun nos felicitasemos de que se hubiesen dignado hablarnos. Dejemos à esos estúpidos saborearse con la esperanza de que hayamos de caer en este nuevo lazo; y ya que nos sea necesario contestar en su propio lenguage a sus engañosas propuestas, preguntemosles. ¿dónde encontrarémos garantia bastante del religioso complimiento de la Constitucion? Las que ella misma encierra fueron inútiles, y son ilusorias: ellas y el temor del castigo nunca contuvieron à los que dieron principio à la desolacion de nuestro suelo: ellas y el temor del castigo no contuvieron a Venegas, Abascal y Monteverde en tiempos pasados: ellas y el temor del castigo no han podido impedir que la Junta de Madrid infrinja escandalosamente aquella ley fundamental de la España: ellas y el temor del castigo no han impedido a Morillo sancionar contra leyes expresas y terminantes y tal vez aconsejar la reunion de la autoridad civil à la militar en su Gobernador Correa: ellas y el temor del castigo no han contenido sus continuos ataques à la propiedad del ciudadano para mantener y pagar sus huestes carniceras, ni le impiden aumentarlas hollando los mas sagrados derechos personales. Pues ¿cuál podrá ser suficiente garantia? ¿Cuál? No hay otra que la de que nosotros mismos seamos egecutores y guardianes de nuestra Constitucion; no hay otra que la de darnos nosotros mismos nuestras leyes, y juzgar la absoluta y omnimoda independencia.

Ella ha sido el obgeto de nuestros votos en estos diez años de sangrienta lucha, ella es el ídolo à quien hemos consagrado nuestros inmensos sacrificios, ella, porque solo ella puede ser garante de la felicidad social. Solicitar la paz, sin asentar primero tan indispensable requisito, es concluir de antemano que no se admite otra decision que la de la suerte de las armas. Esta no puede ser dudosa, vosotros lo sabeis, Españoles; porque os basta comparar vuestra presente extenuada y débil condicion, con la que teníaís poco ha, cuando os enseñoreabaís absolutos en todo el territorio de Colombia. Mas por indefectible que sea el éxito final de la contienda, su duracion nos hace estremecer; que no es posible que deje de dolernos la devastacion de nuestra infortunada tierra. Bastante habeis probado ya nuestra virilidad, y la unanimidad de nuestra irrevocable determinacion. Vosotros cuya Constitucion tiene por base la imprescriptible soberano del pueblo, y que como soberanos habeis compelido ahora à vuestro Rey à hacer vuestra voluntad, ¿negaréis al Pueblo Colombiano la facultad de darse Gobierno y Leyes propias? ¿Preferís tan escanda losa inconsecuencia? Preferis la espada à la razon? Es un desvario. Pero meditad al ménos en los escollos que preparais à vuestras relaciones futuras, en las trabas que desde ahora poneis à vuestra industria, à vuestro desfallecido comercio. Si no ha de haber otra decision que la de la espada, temed no conseguir à favor vuestro mas que lo que la espada no pueda negar. Nos repetireis entonces que somos hermanos, y que es la misma nuestra sangre; mas nunca podreis colorir vuestra ingratitud, ni vuestra tenaz injusticia; nunca podreis satisfacer à nuestras justas quejas. Tened presente que las naciones nunca mueren, y temed que nunca debamos olvidar que os resististeis à que se cumpliesen en nosotros las leyes eternas de la naturaleza; y à que os igualaténos en derechos. Temed que nunca debamos olvidar que os complaciais en nuestro exterminio, y que éste cesó a vuestro pesar. Aun es tiempo: meditad.

EMISARIOS ESPAÑOLES.

Oficio del Comandante de las Fortalezas de la Antigua Guayana à S.E. el Vice-Presidente de Venezuela.

Excmo. Señor: En este dia à las dos de la tarde fondeó en este puerto la goleta francesa la Eugenia procedente de San Bartolomé, conduciendo los Emisarios del Gobierno Español, Brigadier D. Tomàs de Cires, é Intendente D, Jesef Domingo Duarte. Inmediatamente pasé á bordo à visitarlos ; y en el corto tiempo que estuvé con ellos les manifesté la comicion que tenia del Gobierno para hacerles saber el Decrete del Soberano Congreso sobre las proposiciones que hiciese el Gobierno Español. En todo he procurado observar las instrucciones y ordenes de V.E.; y vuelto à tierra les hicé la comunicacion del citado Decreto oficialmente; su contencion es à la letra como sigue: “En contestacion al oficio de V., copia que acompaña de la contestacion del Soberano Congreso sobre las aperturas de una reconciliacion de que estamos encargados y la resolucion que inserta del Excmo. Señor Vice-Presidente de Venezuela, debemos decir: que estas estàn ceñidas à proponer por parte del Rey, constitucional de las Españas, y del Gobierno liberal restablecido el reconocimiento de la Constitucion española. Sin mas exigencia por parte de nuestro Gobierno; pero si facultades para acordar las condiciones que el Soberano Congreso crea convenientes y no se opongan esencialmente à la insinuada Constitucion y dar igualmente todas aquellas garantias que se consideren necesarias para asegurar su religioso cumplimiento, sobre cuyos puntos dejariamos al advitrio del Soberano Congreso entenderse directamente con la Corte de España conviniendo entretanto con la cesacion de la guerra, en que principalmente se interesan los principios de liberalidad y benevolencia del actual Gobierno Español para con todos los pueblos que habiendo sido parte integrante de la monarquia, es muy justo la tengan en el goce de las prosperidades que presenta el triunfo de la Constitucion que hace independientes y libres à todos los que componen la integrídad de esta gran sociedad……Estas son las bases de nuestra mision, que por ser tan ventajosas, admitimos con singular complacencia, y habriamos deseado que tubiesen el mejor resultado. Mas, como por la resolucion del Soberano Congreso observamos que no son admitidas, ni nuestra comision por no tener por base la Soberanía Independiente de Colombia resolvemos volvernos desde aquì para cuyo efecto esperamos tenga V. la bondad de permitirnos hacer viveres por haberse agotado los que traiamos en una navegacion larga y penosa: con lo que contestamos su citado oficio. — Dios guarde à V. muchos años: à bordo de la goleta francesa la Eugenia à 16 de Agosto de 1820.-Tomás de Cires.- Josef Duarte.- Señor Comandante de las Fortalezas de la Antigua Guayana D. José Montes.”

Lo participo à V.E. para su inteligencia, como igualmente, que se devolverán mañana luego que se hayan proveido de los viveres que necesitan.—Dios guarde à V.E. muchos años.—Fortalezas de Guayana, 16 de Agosto de 1820, 10.º—A las ocho de la noche.- Excmo. Señor. -José Montes.- Excmo. Sr. Vice-Presidente del Departamento de Venezuela.

MANIFIESTO

A LOS PUEBLOS DE COLOMBIA

Formado de órden del Soberano Congreso por su Presidente el Honorable Señor FERNANDO DE PEÑALVER.

Desde que la Regencia, y las Córtes de Cádiz, sin atender à la mediacion que les ofreció la Inglaterra, declararon la guerra à los Pueblos de Colombia, bloquearon sus puertos, y enviaron à Puerto-Rico al Señor Cortabarria para que aparentando el carácter de negociador, encendiese desde allí la discordia civil en nuestras Provincias, se rompieron todas las relaciones políticas y fraternales que existian entre estos paises y la España. Entonces la declaratoria de la Independencia se hizo indispensablemente necesaria à la libertad y à la seguridad de unos pueblos que habian conocido su fuerza y sus derechos. Ella fué proclamada por los Congresos de la Nueva-Granada y Venezuela, y despues ratificada por el Gefe Supremo y Consejo de Estado en esta Capital.

Declarada la guerra, y presentándose de esta manera el espíritu opresor de las Córtes, tambien lo manifestaron ellas en la falaz Constitucion que tantas veces se nos ha ofrecido, como un acto el mas generoso de las Córtes, siendo a la verdad el mas injusto, asi como fué cruel y deshonrosa la aprobacion que dieron à la mala fé, depredaciones, y atrocidades de los que se hicieron sus agentes.

Fernando 7 º no ha sido mas humano ni mas justo que las Córtes. El envia un egército, y al General Morillo con facultades ilimitadas para que pudiese continuar sin embarazo la devastacion principiada por Boves y Morales; cuyas crueldades imita este General, y aun las excede, empapando en sangre a la Nueva-Granada y Venezuela, y mas particularmente las Ciudades de Cartagena y Santafé, en donde hizo conducir à los cadalsos una multitud de ilustres Ciudadanos que le esperaban con festines, confiados en la capitulacion que habian hecho con Calzada el General La Torre, y en el indulto que éste habia publicado. No fué ménos horrible la carta que este cruel General escribió à Fernando 7.º desde Mompox en que le dice, que para conservar estos dominios en la obediencia de S.M. era preciso hacer lo que se hizo en los primeros tiempos de la conquista; que era decirle en terminos muy claros: “Es necesario que yo destruya la poblacion de estos paises, por el fuego, por el hierro, por el hambre, y por cuantos trabajos y miserias inspira un furor desnaturalizado, como lo hicieron los Corteces, los Pizarros y todos los conquistadores Españoles con muchos millones de infelices Indios.”

Estos principios no han sido solamente del General Morillo, han sido tambien los de las Córtes, los de Fernando 7 º y de cuantos Españoles han hecho la guerra à Colombia. Servirán de prueba los siguientes hechos demasiado notorios para que pueda dudarse de su realidad.

El General Miranda capitula con Monteverde que aprovechàndose de la consternacion producida por los espantosos estragos del temblor, penetra hasta los Valles de Aragua, la capitulacion es inmediatamente violada; el mismo General Miranda sacrificado, y mas de mil y quinientos Ciudadanos de los mas distinguidos de Venezuela condenados a morir en masmorras obscuras, ahogados por el calor, la falta de aire, y la miseria.

Zuazola convida al pueblo de Aragua à venir à sus casas, por que ninguna parte habia tomado en la guerra de Maurin, y sus infelices habitantes son inhumanamente degollados; una carga de orejas envía este monstruo à Cumana, como un digno presente para Antoñanza, que las recibe con salvas de artillería y repiques de campanas.

Boves, Morales, Yañes, Calzada, Puy aparecen, y sus atrocidades llenan de horror al mundo: ellos matan y destruyen cuanto encuentran, y por último capitula Valencia con Boves y Morales, que juran en el Altar, à presencia de Dios mismo observar lo estipulado, y dos dias despues pasan à cuchillo mas de doscientas personas, y por mucho tiempo continúan la matanza, ¿pero de qué modo? obsequiando con convites à las mismas personas que de la mesa habian de levantarse para morir à lanzasos despues de haber brindado por la reconciliacion y la amistad. Tan atroces hechos han sido aprobados por Fernando y por las Córtes y se han recompensado à sus egetutores con grados de Generales, ó de Coroneles cuando ménos.

Despues de tantas pruebas como ha dado la España con Córtes y sin Córtes, de que no es la felicidad, la libertad, ni la igualdad de derechos lo que ella ofrece á la América, sino una nueva esclavitud, un nuevo yugo, disfrasada con una Constitucion y unas Córtes, en las que treinta Diputados Americanos autorizen con su presencia el monopolio, la tiranía, y la injusticia de ciento y cuarenta y nueve de la España; cuyos intereses estarán siempre en oposicion con los de la América. Despues de tanta mala fé, tantos horrores, y tantos crímenes aprobados por Fernando y por las Córtes, podrá haber confianza en las promesas y las palabras del Gobierno Español y de los Españoles. Podrá haber amistad, podrá haber union, y restablecerse las relaciones de familia que existian ántes de los acontecimientos que han producido tantos resentimientos, y tantos odios que solo la Independencia puede hacer olvidar?… y ¿podrá en fin algun Colombiano oir sin indignacion proposiciones de dependencia y union à la España, sean cuales fueren las formas y condiciones que se propongan?

Todos los Pueblos tienen derecho à procurarse su bien estar, y si para lograrlo les es necesario separarse del cuerpo político a que estàn unidos, deben hacerlo siempre que se hallen en estado de ser mas libres y felices repeliendo por la fuerza, el yugo opresor, pueden levantarse contra los tiranos y la tiranía. Y ¿qué Pueblo ha existido en el mundo que con tanta justicia se haya desprendido del cuerpo político a que estaba unido, como lo ha hecho el Pueblo Colombiano? Por trescientos años los Colombianos han sido esclavos, y no hermanos, de los Españoles; trescientos años ha existido Colombia, siendo el patrimonio de la España, que les hacia sufrir el monopolio del comercio, de los empleos, y toda especie de monopolio, teniéndolos mismo tiempo privados de instruirse en las accion, se artes, la navegacion, el cemercio, y tambien incomunicados con los demás hombres del mundo.

Una enórme distancia separa á Colombia de la España por cuya sola razon se hace incompatible la dependencia con la felicidad à que los Colombianos aspiran. Pruebas de tiranía han dado las Córtes, privando à los Americanos en su Constitucion de la justa representacion que corresponde à la América, que por la superioridad de su poblacion, é incomparable extension de su territorio debia ser mayor que la de la misma España, dándole a aquella treinta Diputados y à esta ciento cuarenta y nueve con el obgeto de dejar la suerte de la América enteramente dependiente de la voluntad de los Españoles.

Son espantosos los sufrimientos de Colombia desde el año de 1810, en la injusta guerra que declaró la Regencia y han sostenido las Córtes y Fernando en la que el furor Español se ha desplegado sobre la América en los mismos términos que se vió à fines del siglo 15, y mucha parte del 16. Los mismos horrores, las mismas crueldades, los mismos crimenes, y las mismas devastaciones han visto y sufrido los Españoles Americanos, que vieron y sufrieron los Indios en los tiempos de la conquista, y los mismos premios han viste tambien dar à los egecutores de tantos desastres, que se dieron à los primeros despobladores de la América. A tan justas causas para una separacion que la naturaleza y la razon exige, no queda otro recurso que el de la fuerza, y con ella ¿podrá la España volver á establecer su dominacion en Colombia?, Las cosas han llegado à un estado que lo hacen imposible.

En diez años de una guerra desastrosa, sostenida à costa de cuantos sacrificios puede hacer el hombre por la libertad, se han vencido todos los obstáculos que la ignorancia y las preocupaciones oponian á la inestimable felicidad que trae à estos países la Independencia. En el principio de la gloriosa lucha, la parte del Pueblo ménos ilustrada temìa ofender al Cielo, si combatia por su libertad. La depravada conducta de los Españoles los obligó à pensar sobre sus derechos y los de la España, y los mismos que fueron entónces por ignorancia traidores à la Patria, son ahora por convencimiento sus mas firmes apoyos. La divergencia de opiniones sobre la forma de Gobierno que habia de adoptarse exponia al Estado à discusiones peligrosas; hoy un Gobierno enérgico y central está estable cido por el voto unánime de mas de tres milliones de habitantes decididos á parecer o ser independientes. La desunion ha desaparecido ya, y la República se ha hecho invencible.

Al principiarse la guerra, Colombia no tenia grandes egércitos, ni elementos para formarlos, hoy tiene hábiles Generales, expertos oficiales, soldados veteranos, y aguerridos, armas y municiones en abundancia.

Muchos Ciudadanos temian entonces ser soldados, ahora todos lo son, y quieren serlo: ya los Colombianos no son los que fueron, y el Pueblo de Colombia es un pueblo enteramente nuevo, regenerado por diez años de lucha en que han desaparecido los inconvenientes fisicos y morales que hacen dudosa su Independencia, él se ha hecho digno y capaz de mandarse asimismo, y de no obedecer à otra voluntad, ni a otra soberanía que à la suya propia.

Cuando las cosas han llegado à este estado, y que el egército Español que trajo el General Morillo con los considerables refuerzos que recibió despues: ha sido destruido cuando las tropas que el Rey reunia en Càdiz para auxiliarlo, penetradas de que eran destinadas a perecer, como las otras sin gloria, sin honor, y sin paga, en una guerra fratricida, dejando á su patria anegada en llanto, y cubierta de luto por los horrores del despotismo y de la Inquisicion, se levantaron para salvarla, y salvarse ellos mismos del cruel destino que se les habia dado: cuando una gran parte de la nacion ha conocido la justicia de nuestra resistencia, y la imposibilidad de vencer la firme resolucion en que estamos de perecer todos, ó ser Independientes. Cuando casi todos los Colombianos han sacudido los errores que los impelieron a hacerse enemigos de su propia libertad y la de sus hermanos y cuando en fin el odio al Gobierno Español se ha difundido entre todas las clases de Ciudadanos, por haberse convencido de su perfidia, y la de sus agentes, que jamas han cumplido sus ofertas, ni tratados, haciendo traicion al honor y a la buena fé, con desprecio del derecho de gentes, y de todos los derechos divinos y humanos, solicita el Rey constitucional que le reconozcamos por Señor, ofreciendo por garantia de nuestra felicidad futura, las Córtes y la Constitucion que ha jurado observar. No podemos dejar de manifestará Fernado 7. º, à la España, y al Mundo que estando convencidos de la justicia con que hemos defendido nuestros derechos, y la suficiencia de nuestras fuerzas para sostenerlos todo el tiempo que la España quiera continuar la bárbara guerra que nos ha hecho, estámos resueltos à no entrar en ninguna relacion de paz, ni de amistad con el Gobierno Español, miéntras no se ponga por base preliminar el reconocimiento de la Soberanía é lo exigen los sacrificios que en diez años ha hecho el Pueblo Colombiano, derramando la sangre mas preciosa de sus Ciudadanos por la libertad y la dicha de elevarse con la Independencia à ocupar el lugar à que la naturaleza la ha destinado.

PUEBLOS DE COLOMBIA: El Soberano Congreso, como órgano para expresar vuestra voluntad ha contestado à las proposiciones del Gobierno Español lo que vosotros en masa hubierais dicho. Habeis andado lo mas escabroso del camino de la Independencia. Ya estáis unidos, y ya sois invencibles. Nada teneis que temer de la España, sino os reconoce corno Hijos emancipados. Los nuevos esfuerzos que haga para subyugaros, serán nuevos y va nos sacrificios que tendrá que añadir à los que ha hecho; mas si convencida de que ya es tiempo de terminar la guerra que no debió jamas haberse principiado, quiere reconciliarse con vosotros como igual y no como Señor, extended vuestros brazos y decid: Españoles: olvidemos todo lo pasado, somos amigos, y somos hermanos. Pero entre tanto que no os alucinen sus falsas promesas, sus falsos alagos, desconfiad de todo cuanto os digan; tened siempre presente lo pasado, para que no triunfe la perfidia del enemigo que quiere artificiosamente esclavisaros.

FERNANDO DE PEÑALVER.

¿CONSTITUCION ESPAÑOLA?

Ya la conocemos: ved aquí una prueba.

“Cuartel-general en Iguana à 6 de Agosto de 1820. 10.º”

“Excmo. Señor: El gobernador y cabildo de naturales del pueblo de Tucupío, acompañado de otros individuos hasta el número de 23, se me ha presentado manifestándome, que habiendo observado que la Constitucion que han jurado los Españoles, no es como se les dijo para vivir en paz, sino que aun existe allí un Español Capitan con 16 Criollos soldados, que han quitado las armas á todos los vecinos, y que tratan de destruir sus sementeras, no querian mas depender de aquel Gobierno, y si del de la República à que estaba adicto todo el Pueblo; en consecuencia y habiéndome pedido auxilio para batir aquel pequeño destacamente, le he franqueado siete fusiles, y veinte y un paquetes de cartuchos, para que incorporados con la partida del Comandante Castillo constante de 30 hombres que se halla en aquellas inmediaciones, realizan el proyecto, dándome parte inmediatamente. Participo à V.E. para su conocimiento. Dios guarde à V.E. muchos años.—Excmo. Señor.—El General Gefe del egército de Oriente.- José F. Bermúdez.- Al Excmo. Vice-Presidente del Departamento de Venezuela.”

TRIUNFOS DE CHILE.

Fragmento de carta de Valparaiso de 22 de Febrero de 1820.

Hablé à V. en el anterior de la entrada del Lord COCHRANE en Guayaquil; pero como esta carta puede no haber llegado, recapitularé aquí lo principal. El Lord Cochrane fué alla en busca de la fragata la Prueba: entro en el rio por la noche, y solo; atacó y tomó dos grandes buques mercantes, uno de 32 cañones y novecientas toneladas y otro de 26 cañones y seiscientas toneladas. A la verdad esto es cosa inaudita. Por las dificultades que presenta la navegacion del rio de Guayaquil, nunca se habia intentado entrar en el sino con buen dia, y con practico. Han llegado aquí las dos presas, que estàn cargadas de madera. Ha seis semanas que llegó el Lautaro, que se habia separado del Almirante poco antes de su llegada. A éste se le esperaba por horas; y habiendo pasado muchos dias, la inquietud se habia aumentado à lo sumo, cuando vimos entrar al bergantin de guerra español el Potrillo, que fué apresado frente à Valdivia, adonde habia sido enviado del Callao con dinero y provisiones en auxilio de aquella tan fuerte plaza.

El Lord Cochrane se habia dirigido alli à reconocer; y no habia hecho mas que echar algunas ojeadas, y examinar con el fin de hacer alguna de las suyas, cuando se dejó ver el bergantin, y él le dio caza, y lo apresó: tenia à bordo 20,000 pesos fuertes, y provisiones y municiones que valen mas de 40,000. El me escribió el 23 de Enero, y me dice que el Comandante militar al frente de Valdivia le habia prometido cooperar con él, y que dentro de pocas horas desalojaria al enemigo de aquel puesto, que hasta entonces habia sido impregnable, y quedarian del todo libres las provincias del sur. Puso à bordo de la O’Higgings, de la goleta Montezuma de 10 cañones, y del bergantin Intrépido 250 soldados, pero al salir de la bahia de la Concepcion la fragata tocó en un banco de arena, perdió todo su forro de cobre; y hacia ocho pies de agua. El gallardo Almirante, sin desmayar por ello, no permitió que este contra órgano para expresar vuestra voluntad ha contestado à tiempo lo hiciese retardar ni una hora: y siguió en el estado en que se hallaban sus buques. Al acercarse a Valdivia, el Intrépido dio contra una roca, y se perdió. El Lord Cochrane sin embargo entró en la bahia, atacó las baterias, desembarcó su gente, asaltó los fuertes conduciendo él al asalto, y con sus propias manos plantó el estandarte Chileno en la gran plaza. Esta se rindió: estaba defendida por l10 cañones, principalmente de à 24. Se apoderó de una cantidad inmensa de municiones, de los almacenes y caja militar del egército Español del Sur, &c. &c. Esta plaza era sin duda la mas fuerte en Chile; pues su entrada es angosta, y su bahia espaciosa, con una isla en el centro: hay diez fuertes muy respetables, y defendidos tanto por la naturaleza como por el arte. Esta es quizàs una de las mayores proezas que él haya hecho. Tengo carta suya en que me dice que tiene todavía que dar un golpe mas en Chilóe, que como no es capaz de mucha defensà debe ceder: él partió para alli en la Montezuma, con el trasporte Dolores, que fué apresado en Valdivia. La O’Higgins, que estaba en tan mal estado que no podia ir allà sin gran riesgo, llegarà aquí dentro de pocos dias. Este suceso ha sido tanto mas importante, cuanto que la expedicion, que se està preparando aquí por SAN MARTIN, podrà ahora dejar el país en perfecta paz, pues todo Chile estarà enteramente libre de Españoles.

(Morning Chronicle de 30 de Mayo de 1820.) noticias recibidas ayer en el Café de Lloyd parece que el Lord Cochrane, no habiendo tenido el suceso que esperaba, en el Callao, cambió de rumbo, y se fué àcia el sur de Chile, en donde permanecia todavía Valdivia en poder de los Españoles; y que la atacó y tomò, despues que sus buques habian experimentado algunas desgracias casuales. Valdivia es una plaza bien fortificada, y que los Españoles mantenian principalmente para contener à los indios Arancanos del rededor, que en la presente contienda han permanecido fieles à los realistas. Sin duda que el Lord Cochrane se dirigió allí con la esperanza de encontrar al San-Telmo, navío Español de 74; pues se creia que habiendo perdido el timon, se veria forzado à entrar en el primer puerto. Cartas de Lima de 26 de Enero, que se recibieron ayer, dicen, por el contrario que la Mariana dejó al San Telmo a los 65º de long. oeste, y a los 62º de lat. sur: y que le seria forzoso hacer por las islas Faulkland, o por el Cabo de Buena Esperanza, pues estaba del todo incapaz de dar la vuelta al Cabo de Hornos.

ARTICULO COMUNICADO.

Señor Redactor: Ni en su periódico, ni en los papeles extrangeros que yo he leido, se habla una palabra de lo acaecido en Ceuta por la Constitucion española; pero diré à V. lo que acaba de comunicarme un testigo de vista del suceso que obtuvieron los Liberales en aquella plaza en los primeros dias de Marzo ántes de saberse allí lo que pasaba en Madrid.

Estimulados con el egemplo de los héroes de la isla de Leon los oficiales y tropa de la guarnicion de Ceuta, resolvieron jurar la Constitucion, y complirla en cuanto estuviese à su alcance. Manifestaron su resolucion al Comandante de la plaza, General Don José Miranda, apoyandola con documentos fehacientes de haberse ya jurado, en Galicia, Asturias, Aragon, Cataluña, &c.; pero el gefe reusó, alegando la causa del Rey, y el no tener órdenes suyas para semejante acto: amenazó à los oficiales que le llevaban el mensage, y los despidió enojado. Ellos le replica en con la unanimidad de los sentimientos de la guarnicion, y de casi toda la Península, y con la fuerza armada que estaba decidida al restablecimiento de su Constitucion: corrieron à las armas y rompieron el fuego, gritando “vivas à la Constitucion,” y saludándola con los tiros de la artillería del revellin.

Si los mensageros hubiesen estado instruidos de todo lo ocurrido en Ceuta cuando cayó esta misma carta constitucional, habrian alegado que ella habia sido abolida y quemada allí por su Comandante interino, D. Fernando Butron, sin expresa orden del Rey comunicada por el Ministerio competente, y que del mismo modo debia restablecerse a su imperio. Le bastó al sérvil Butron el haber recibido de Algeciras un egemplar de los inumerables con que se habia multiplicado el Decreto de Valencia de 4 de Mayo de 1814; queria merecer la gracia del tirano con un servicio muy distinguido: ninguno le parecio mas satisfactorio que el que le brindaba la pieza que acababa de recibir… Apenas la leyó, cuando arrebatada su fantasia del fuego de su adulacion y fanatismo, salió él riendo pregonándola por las calles y plazas al frente de la tropa: “ Viva el Rey, y mueran los traidores,” era el remate de cada pregon. Y à desde la primera publicación habia él declarado, reos de lesa-magestad à los Diputados que habían formado la Constitucion y pretendido sostenerla: su sombrero volaba por los aires en la marcha: su muger, la del comandante de artillería, y no sé cual otra se encargaron de recoger y quemar egemplares de la Constitucion, y cumplieron gallardamente su encargo. Largo seria este episodio, si hubiese de continuarlo: vuelvo pues à mi asunto.

Tomaron los Constitucionales de Ceuta todas las medidas precautelativas del desòrden y de la efusion de sangre. No repugnaron el juramento à la Constitucion sino el General Miranda y el Obispo que cerró las iglesias con aparato de entredicho, pero muy preste cedió al voto general; aquel insistió en su terquedad, y fué por tanto embarcado y conducido à Gibraltar. Algeciras era el término de su expulsion, pero se vario à instancias del mismo expulso que temía no encontrar alli la moderacion y comedimiento que en Ceuta. No le valio esta cautela para dejar de ser insultado en la misma bahia de Gibratar. Bien fuese por sus conexiones con Elio; por el apocamiento y menosprecio con que de palabra y por escrito habia injuriado à los heroicos defensores de la Constitucion; ò por su repugnancia en conformarse con ella, o por todas estas premisas, el buque que lo conducia fué rodeado de una muchedumbre de contrabandistas españoles que à gritos pedian que saliese Miranda de la cámara completamente vestido de General, y en lo mas alto de la cubierta victoréase la Constitucion. Darle fuego al barco era la amenaza que llevaba la demanda de los sitiadores: fué pues preciso otorgàrsela; y el código recietemente convalecido fué victoreado tres veces por el mismo personage que no quiso jurarlo en la plaza que mandaba.

Restablecieron los Liberales de Ceuta la extinguida Municipalidad constitucional, nombraron en interim Comandante-general de la plaza, y sus dependencias, rebajaron un año à la condena de los presidarios, y dieron libertad à cuantos estaban ellí confinados como insurgentes de América. De este número era la persona que me ha comunicado este informe: y nada admiro tanto como la generosidad de este rasgo en favor de un Perúano que por órden de Carlos III. y por el tiempo de su real voluntad estaba en cerrado en aquel presidio desde 1788 sin delito, sin proceso, ni sentencia.

Poco, ó nada interesantes son las demas ocurencias que alli tuvieron lugar hasta la salida del informante; pero importa referir en pocas palabras el comprendio histórico de D. Juan Tupac-Amaro. Asi se llama el Perúano restituido à su libertad por los filantrópicos revolucionarios de Ceuta. ¡Loor y gloria à los, principios liberales que hasta sobre las costas de Berberia han llegado à triunfar del poder arbitrario, de la barbarie, y de las rancias preocupaciones! Para este hombre no habia indultos, no habia clemencia, ni compasion en los reinados de dos Carlos y un Fernando….Tampoco se condolieron de su suerte los insurgentes de 1808, las Juntas provinciales y central, los Regentes y las Córtes; pero mejor cultivados en la escuela de la adversidad los elementos del derecho natural y divino llegaron à producir el fruto que no era dado à la infancia de su regeneracion, ni mucho ménos à la virilidad del despotismo.

  1. Josef Gabriel Tupac-Amaro, hermano major de D. Juan, levantó en el Perú, el estandarte de la insurreccion en 1781, por causas demasiado sabidas y justas. “Viva el Rey, y muera el mal Gobierno,” era la señal de alarma conque entónces tanto en España como en Indias se explicaban los malcontentos. Siguiendo Tupac-Amaro esta norma, no aspiraba à la emancipacion y libertad de su pais, sino al alivio de las privaciones y gravámenes que lo afligian. He aquí lo que reclamaba con las armas en la mano.

Sostenido de un partido númeroso que se le agregó hizo progresos rapidos à despecho de las fuerzas que le oponia el Virrey de Lima; pero nada se le otorgaba de lo que pretendia, hasta que prendieron en Cundinamarca las chispas de su fuego revolucionario y era prolongado y estrecho el sitio que sufría la capital de las Provincias del Cusco por él egercito de Tupac-Amaro. Le ofrecen entonces una capitulacion, concediéndole todo lo que demandaba. Nada cuesta esta franqueza à quien la hace con propósito de no cumplir nada de lo prometido. Fué aceptada incautamente la oferta: se arregló y concluyó el tratado, y à instancia de los sitiadores se corroboró con un juramento muy solemne otorgado de parte del Rey delante del Santísimo Sacramento, del Obispo y Clero que para esta solemnidad llevaron procesionalmente la custodia al campo de Tupac-Amaro.

Depuestas las armas por virtud de lo capitulado, y disuelto el egército de los incautos, entraron todos los gefes, y oficiales de plana mayor en la ciudad à celebrar la paz y reconciliacion, como se les habia anunciado de parte de los mandatarios del Rey: fueron invitados à un banquete que se les habia preparado: cayeron en el lazo, y los postres se redugeron à la prision de Tupac-Amaro y de los suyos…..Sobre la marcha fué aquel egecutado y descuartizado. Un hijo de 16 años que le acompañaba, perdió tambien la vida en aquella ocasion con ménos escándalo. Perecieron de la misma manera que este jóven los demás individuos de la comitiva de su padre, incluso su hermano D.Diego.

Obró de buena fé el Obispo Moscoso, y por lo mismo se afectó tanto de la violacion de un tratado, cuyo principal capítulo era la inmunidad de los egetutados, que se fué luego a la Corte y declamó altamente contra los infractores. Prohibirle volver à las Indias, y trasladarlo al Obispado de Granada, donde falleció, fué el premio que mereció su sinceridad, sucelo, y su justicia.

No era la indole de D. Juan Tupac-Amaro para la guerra, ni para las revoluciones. Miéntras sus hermanos se agitaban en la campaña, él permanecia tranquilo en su casa, cuidando de su famila, sin tomar parte en la insurreccion. Los asesinos de aquellos, sin embargo, lo arrestaron sin otro fundamento que el de la fraternidad y el presumirse que, à lo ménos, seria sabidor del proyecto, y culparlo en no haberlo delatado. En siete meses de arresto y de pesquisa nada mas resultó contra él que esta débil presuncion, y fué puesto en libertad.

Gozando de ella, vivía en el seno de su familia, cuando en 1783, recibió el Virrey una real órden para que recogiese y enviase à España à disposicion de S.M. á todos los Tupac-Amaros, sus mugeres, é hijos, y cuantas personas se dijesen por la opinion comun derivadas de los Incas del Perú. Don Juan fué el primero de los comprendidos en esta rigorosa expatriacion: arrestado y conducido al Callao de Lima con su família, y otros muchos deudos suyos, llegaron atenuados de una larga y penosa marcha, en que falleció su tio Don N….. de 125 años: fueron embarcados en diversos buques; y yo no sé por qué causa D. Juan fué divorciado de su muger é hijos. Asi arribó à Cádiz en 1785, y supo entónces por la primera vez que toda su familia habia muerto en la navegacion.

Para consolarlo en tanta pérdida lo metieron en el castillo de S. Sebastian, y le pusieron una cadena: tres años sufrió esta prision, sin haber sido juzgado y sentenciado, ni si quiera una vez interrogado judicialmente. Al cabo de este trienio fué confinado à Ceuta con una órden cuyo tenor en substancia es como sigue: “Juan Tupac-Amaro es uno de los que vinieron del Perú, segun la lista pasada à este Ministerio por el Universal de Indias; y quiere S.M. que este individuo resida y permanezca en esa plaza por el tiempo de su real voluntad, subministràndosele seis reales diarios de vellon para su alimento” Su fecha es de 1788 por el Ministro de la guerra. Posteriormente se despachó otra, ampliando hasta ocho reales la pension alimenticia, mediante que esta suma de la que se habia traido á los demas compañeros de  Tupac-Amaro.

Sin libertad pues desde 1783 hasta Marzo de 1820, resultan de prision 37 años. La voluntad de Carlos III. fué la ley que impuso esta pena á aquel inocente Americano: el poder arbitrario de este monarca absoluto se transrnitia por derecho de sangre á sus hijos, y nietos; y de la misma manera se transmitia la real voluntad expresa en la órden de Tupac-Arnaro. Abolieron las Córtes este abuso, haciendo de una monarquia absoluta una monarquia mederada: le pusieron trabas, y en la division de los poderes de la soberania tenia el ciudadano la mejor salvaguardia contra el despotismo judiciario que se arrogaban los Reyes; pero de hecho Tupac-Amaro fué exceptuado de ella, aunque imploró su beneficio. El mismo Carlos III. fué inconsecuente en su órden arbitraria. Ya habia sido publicada desde 1775 su Pragmática que entre otras cosas prohibia que excediese de diez años la pena de presidio; y él mismo la infringe en el caso de Tupac-Amaro. Reservado estaba à la filantropia de los Liberales de Ceuta el reparar en un momento las injurias y agravios de 37 años en una sola persona: sus bendiciones por sus libertadores no serán de un momento; ellas resonarán para siempre en la tierra que vió nacerà este anciano venerable: y todos los corazones sensibles desearán que los sentimientos y virtudes desarrolladas en aquel ángulo del reino de Fez se propaguen por toda el Africa, mas desolada por los vicios contrarios que por las fieras, y pestes que encierra. UN COLOMBIANO.

ESPAÑA.

DIPUTADOS A CORTES POR AMERICA.

(Extracto del “Universal Observador Español” del 30 de Marzo de 1820.)

Por Nueva España.

  1. Miguel José Ramos Arispe.
  2. Francisco Fugoaga, rico acendado de Mégico.
  3. José María Montoya, abogado del Colegio de Madrid.
  4. José María Couto, Arcediano de Málaga.
  5. José Mariano Michilena, Capitan del Regimiento de la Corona de Mégico.
  6. Juan de Dios Cañedo, Abogado de esta Corte.
  7. Manuel Cortazar, id. id.

Por Goatemala.

D.Juan Nepomuceno S. Juan Canónigo de Palencia.

D. J. Sacasa, Colegial mayor de Valladolid de España.

Por Filipinas.

  1. José María de Armado, Capitan de Artillería retirado.
  2. Manuel Felis de Caruy y Herrera, Coronel de infundiría agregado al Regimiento de la Corona.

Por Perù

  1. Miguel Lastavisa, Fiscal de Buenos-Aires
  2. Manuel de la Bodega.
  3. Juan Freire.
  4. Antonio Moza.
  5. Nicolas Pierola.

Santafé y Carácas.

  1. Antonio Nariño.
  2. Ignacio Landero.
  3. Eusebio María Canabal

Capitanía Gral. de Carácas.

  1. Fermin de Clemente.
  2. Francisco de Carabaño.

Santo-Domingo.

  1. Francisco Javier Caro, del Supremo Tribunal de Justicia

Isla de Cuba.

  1. J. Zayas, Edecan de S.M.
  2. José Benitez.

Puerto. Rico.

  1. Demetrio O’Daly, Mariscal de Campo.

Buenos Aires.

  1. Rafael de Sufràtegui.
  2. Francisco Magariños.
  3. Miguel del Pino.

Chile.

El Conde de Manle.

D. Agustin de Ugarte.

LA SOCIEDAD PATRIÓTICA DE LA ISLA DE LEON

AL REY DE ESPAÑA.

Señor: Los que subscriben, todos ciudadanos Españoles, usando del derecho que por el articulo 373 de la Constitucion les està concedido, se acercan al trono de V.M., à exponerle respetuosamente sus opiniones y sus deseos acerca de un punto importantisimo à la paz, felicidad y gloria de las Españas. Hablamos, Señor, de la conducta que en estos críticos momentos debe adoptarse con los Americanos que pelean por su independencia. A la voz sola de Independencia y América no dudamos que van à excitarse muchos disgustos, a despertarse muchas preocupaciones, y à sobresaltarse muchas experanzas. Pero nosotros, sin llevar la presuncion al extremo de dar nuestro dictamen en una materia, cuya última decision esta reservada à las Córtes, solo tratamos de indicar los medios que inspirando confianza à los habitantes de aquellos paises puedan prepararlos a la union que tanto seria de desear para ámbos pueblos.

La experiencia de diez años debe habernos convencido de que es temeridad esperar reducir por la fueras regiones vastísimas, divididas de nosotros por espaciosos mares, y que tienen para su defensa no solamente la decision de sus pueblos, sino las di que para su conquista presentan el clima y el estado del país. La confianza es la que puede atraernos les Americanos: la confianza tan natural en ellos en este momento, y que si ahora se les acaba, jamas volverà à renacer en sus carazones. Si los gloriosos sucesos de nuestra actual revolucion se anuncian à la América con palabras de paz y por mensageros dignos de llevarlas, podràn esperarse felicísimos resultados: si por el contrario el cañon y las bayonetas siguen siendo el vehiculo de nuestras comunicaciones, serà tanto mayor el disgusto de aquellos pueblos cuanto que se persuadiràn de que ningun trastorno ocurrido en la Península puede disminuir el odio con que por nosotros son considerados. Y será mas vehemente su indignacion, si los primeros encargados de llevarles la noticia de los últimos acontecimientos son cabalmente persona conocida ya por haberles hecho una guerra constante y sanguinaria. Siendo asimismo notorio la escasez de nuestros recursos, y la imposibilidad de enviar por ahora expediciones, seria mas necio empeño el de manifestar nuestras intenciones hostiles sin tener medio para darles el barniz deslumbrador de la victoria. Por todas estas consideraciones los que subscriben, movidos solo de su amor à la Patria, y deseosos de que se les eviten nuevas calamidades, resultados infalibles de una guerra larga y desgraciada.

Suplican à V.M. se sirva mandar que las buques que se destinen a América sean mandados por personas que no hayan hecho la guerra en los parages adonde se les envia, ni sean conocidos por sus ideas anti-constitucionales, y que à estas personas acompañen cómisionados portador de la proposicion de una suspension de hostilidades, y de una invitacion à tratar pacifica y maduramente sobre los puntos que mas interesan a las Españas Americana y Europa, removiendo asimismo del mando de las provincias de ultramar aquellos Generales cuya sola presencia mantendrá siempre vivas las mas amarga memoria. San Ferrando 22 de Abril de 1820.- (Siguen las firmas.) (En la Imprenta Patriótica calle de San Rafael.)

Noticias de España, tomadas de los papeles ingleses.

Lóndres, Mayo 23 de 1820.—Las noticias que hemos recibido de Madrid no son mas que hasta el 19 del corriente. Todas las provincias estaban ocupadas de las elecciones para las Córtes próximas: y se observa que parece haberse tomado la determinacion de elegir los hombres mejores y mas bien probados, y que no se habia hecho tentativa ninguna para coartar la eleccion popular. El Constitucional de Madrid declara que los temores expresados por el Conservador de que el Gobierno del Papa fuese hostil al nuevo sistema constitucional, no tienen ningun fundamento.

Mayo 24.—Un artículo de gaceta de Madrid de 9 del corriente copiado en la Gazette de France, dice que D. Pedro Vargas Laguna Ministro Español cerca de S.S. dió cuenta del registro en que temaba razon de los Españoles que prestaban juramento à la Constitucion en Roma, pero omitiendo el suyo; porque dice que no puede jurar fidelidad à una causa que es contraria à su conciencia y à sus principios (éste debe ser de la escuela del General Arizaga.) Se dice que en contestacion se le ha enviado copia del decreto, à virtud del cual queda de puesto del empleo, é inhàbil para volver a España.

Mayo 25.—Las gacetas de Francia han publicado la siguiente carta de Madrid de 8 del corriente. “Nuestra presente posicion es muy satisfactoria, y el sistema constitucional cada dia se consolida mas. La desconfianza que se observaba en algunas de las provincias, desaparece: y los decretos que tienden a introducir armonia en la administracion publica, se suceden con rapidez, y son egecutados con vigor. Las elecciones populares comienzan con celo y tranquilidad, y la perspectiva que tenemos a la vista nos ofrece que los Diputados a una con el Rey procuraran cicatrizar las heridas del Estado. Se restablece la confianza por todas partes: el Obispo de Madrid y el Duque de San Fernando son del número de los electores nombrados por las parroquias; y se espera que se darà igual prueba de confianza al Duque del Infantado. Se han puesto en egecution los decretos de las Córtes que se referian al crédito pùblico; y se separaràn las Propiedades que se han dado por garante de la deuda nacional. Se ha declarado indigno de las consideraciones de Español, y se ha privado de su oficio, honores y emolumentos à Lahora, Consul en Marcellas, de quien se publicó una carta en las gacetas francesas. Hemos sabido con placer que se ha abierto una subscripcion en Burdéos à favor de los Españoles, que no tengan medios para restituirse à sus casas y que los principales negociantes son los prímeros de la subscripcion. Este acto de generosa hospitalidad agradarà à todos los Españoles.”

Mayo 26.—Se ha recibido carta de Càdiz de 5 del corriente, de la cual publicarémos el siguiente fragmento: “Ignoro hasta cuando continue Càdiz siendo teatro de desgracias. El 3 del corriente habia sido elegido para una brillante corrida de toros, cuyo producto estaba destinado à los valientes soldados del General Quiroga, que estàn en la isla, y à quienes deben estar tan agradecidos sus conciudadanos. Nunca habia habido en nuestro anfiteatro un concurso ni mas numeroso, ni mas brillante: todos parecian tomar parte en el glorioso motivo que los habia hecho reunir; y este contento era aumentado por la probabilidad de una excelente corrida. El tercer toro habia salido ya à la arena, y los ojos de todos estaban fijos en los combatientes que se disponian al ataque, cuando parte del edificio empezó à crugir con estruendo, y se vió que los espectadores se hundian por aquella parte con los palcos. Esto produjo la mayor confusion, y el daño fué mayor por la priesa que se daban los espectadores a partir. Ha habido entre otros accidentes muchas piernas y brazos quebrados; mas ignoro todavia cuantos hayan muertos

Mayo 30.—Se han recibido noticias de Madrid hasta el 16 del corriente. Se dice que ha habido tumultos en Saragoza ocasionados por la llegada de un nuevo Capitan-general; y que no fueron apaciguados sin ofusion de sangre. La Gaceta Oficial contiene las respuestas de varias cartas extrangeras a la notificacion de la à aceptacion de la Constitucion de las Cortes por el Rey. El Embajador Español dice que al entregarle al Rey de Francia la carta de Fernando, S.M. Cristianisima le declaró, que estaba persuadido de que el Rey su primo habia hecho lo que creia mas conveniente à la felicidad de sus vasallos, y que el (Luis) deseaba ardientemente que se realizasen sus esperanzas. Se dice que el Gabinete Inglés contestó que veia con placer la adopcion de un sistema que ha mucho tiempo que la Inglaterra consideraba útil y aun necesario a la prosperidad de la nacion española. El Directorio federal de los Cantónes Suisos al felicitar à Fernando le añade, que la nacion española, ha dado al mundo egemplo de lealtad y fidelidad en medie de conmociones politicas, y que ellos se lisongean de que continuarà dando el de moderacion y de prudencia. Se dice que el Embajador Ruso tambien ha congratulado à Fernando 7.º por haber aceptado la Constitucion.

El Rey ha expedido un decreto con respecto à los 69 Diputados de Córtes que firmaron la representacion que lo extravió en 1814. El decreto dice que como uno de sus principales deberes sea conservar el órden público en el interior de la monarquia, y que este se halle turbado por la desconfianza que excita la presencia de los Diputados de Córtes que firmaron el Manifiesto de 12 de Abril de 1814, y contra los cuales se ha pronunciado la nacion de un modo decisivo, ha resuelto decretar que atendiendo a que està muy próxima la reunion de las Córtes, à quienes exclusivamente toca juzgar à los Diputados por crímenes cometidos durante el egercicio de sus funciones, los Gefes civiles, de acuerdo con los Magistrados constitucionales de los lugares donde residan dichos Diputados, los obliguen a residir en los Conventos y Monasterios en donde sea mas cómodo recibirlos.

ERRATAS EN EL N.° 75.

Col. 8, lin. penúlt, aun……léase acà-Col. 9, lln. 9 Maido……léase Mayas.

EN EL N.º 76. Col. 9, lín. 86, traido……léase tirado.

Angostura: impreso por ANDRES RODERICK, Impresor del Gobierno, calle de la Muralla.